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Modus Operandi: Radiografía de la génesis de la delincuencia juvenil en México

9 de mayo de 2018
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Modus Operandi: Radiografía de la génesis de la delincuencia juvenil en México

Uno de los temas más difíciles dentro del campo de las ciencias criminológicas, así como de las políticas públicas, es lo referente a la denominada “Delincuencia Juvenil”, esto, por la suma de múltiples causas y factores que la originan, razón por la cual, las estrategias y programas para tratar y prevenir este fenómeno antisocial se vuelven más complejos de implementar y ejecutar, ya sean estos desde el campo jurídico, criminológico o desde lo social.

Pero debemos establecer en un primer momento las diferencias conceptuales y sustanciales entre lo que significa ser joven y ser adolescente; ya que en México tenemos una política criminal que establece la creación de un Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, el cual tiene sustento en la Convención de los Derechos del Niño, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en el año de 1989.

En este sentido debemos señalar que son “Adolescentes” los que se encuentran en un rango de los 12 hasta antes de cumplir los 18 años de edad, por otra parte se dice que una persona es “joven” cuando tiene entre los 12 y 29 años de edad, de acuerdo con el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), motivo por el cual, el estudio de la “Delincuencia Juvenil” se debe ampliar en cuanto a su objeto de estudio y enfoque, ya que no sólo son los “Adolescentes” quienes deben estar dentro de este enfoque, sino también quienes considera la política pública de juventudes.

En cuanto a lo señalado con anterioridad, se debe establecer una política criminológica integral para la prevención y en su caso sanción del fenómeno de la “Delincuencia Juvenil”, pero además, debe tener un contenido victimológico, ya que no sólo son jóvenes los victimarios, sino también las víctimas; tal es el caso recientemente conocido en el cual murieron tres jóvenes estudiantes de cine en el Estado de Jalisco a manos de integrantes del crimen organizado, situación que ha sido muy sentida por la sociedad, quienes se manifestaron en público y en redes sociales con el hashtag #NoSonTresSomosTxdos.

En este orden de ideas, de acuerdo a la politóloga Jessica Zarkin, cerca del 22% de las personas asesinadas en México son jóvenes entre 18 y 25 años de edad, de los cuales el 12% no tenían primaria, 32 % no llego a la secundaria, pero lo interesante es que los jóvenes asesinados con estudios universitarios no represento ni el 4% de los homicidios, y es aquí en donde una vez más se comprueba la aseveración empírica que se hace en la academia, “Entre más educación, menos delito”, y esto no sólo en victimarios, sino también en víctimas de los delitos.

Uno de los aspectos más relevantes de la génesis de la “Delincuencia Juvenil”, esta referida a un cúmulo de causas criminógenas de origen político y social, entre las que destacan, la pobreza, la exclusión social, la falta de oportunidades, la subcultura criminal, la falta de valores familiares, y en general el medio ambiente social en el que se desarrollan y que tiene un común denominador: “Las violencias”. Esto aunado a políticas públicas y políticas criminológicas mal diseñadas, que no han cumplido con su fin último, lograr la seguridad humana y ciudadana.

Así pues, muchos de los jóvenes se desarrollan en un medio ambiente altamente criminógeno, en el cual en muchas ocasiones, la pobreza es el factor común, lo que trae consigo la falta de satisfactores necesarios para el desarrollo, como la salud o la alimentación adecuada, así como la educación, factor esencial que se encuentra relacionado con los procesos de victimización a partir del perfil víctima-victimario, quienes generalmente son jóvenes. La pobreza, en definitiva, se interrelaciona con otras causas o “concausas” como la falta de oportunidades laborales y educativas, en este entendido de acuerdo con la Encuesta de Cohesión Social para Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED) del INEGI y la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de SEGOB, dentro de las razones que tuvieron los jóvenes para no continuar con sus estudios, un 41% de ellos refirió que fue “por cuestiones económicas”, razón por la cual, estimamos que estos elementos adversos deben estar considerados como causas esenciales a tratar en una política de juventudes que sirva a su vez como una política criminológica preventiva.

Lo anteriormente señalado, se suma a otra “causa o concausa”; la falta de valores en la familia, los cuales han cambiado a partir de un proceso de transformación político económico (el neoliberalismo), el cual ha provocado que para la sobrevivencia humana todos los integrantes de la familia tengan que trabajar todo el día para llevar lo mínimo para el sustento de los integrantes de la misma; esto ha alejado a los padres de los hijos, ya que estos últimos pasan mucho tiempo solos y con poca o sin supervisión de alguno de los padres.

En este sentido, de acuerdo a los datos que arroja la Encuesta de Cohesión Social para Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED) del INEGI y la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de SEGOB, el tiempo promedio que pasan los jóvenes con sus padres de lunes a viernes en hogares biparentales es de 6:26 horas con mamá y 4:34 horas con papá, mientras que en hogares monoparentales es de 5:52 horas con mamá y 5:12 horas con papá, parte de esto, es lo que provoca en muchas ocasiones no se norme la conducta en el hogar, por lo que no respetan las figuras de autoridad en el contexto social, ya que carecen de uno de los valores esenciales para el ser humano, el respeto a las personas y la dignidad humana.

Otra de las causas que necesitan ser atendidas de manera inmediata, es lo relacionado con las subculturas criminales, ya que el fácil acceso a los medios de información, redes sociales, cine, y música, acerca infinidad de gustos musicales a los jóvenes, y no sólo música, sino también “modas”, y muchas de ellas esta interrelacionadas con el mundo del “narco”, con la delincuencia organizada y sus acciones violentas, lo que provoca que se normalice la violencia criminal.

Vivimos en la cultura de la violencia, en la cual muchos jóvenes se adhieren con facilidad a las pandillas y al crimen organizado, ya que muchos buscan obtener riqueza y lujos de una forma relativamente “fácil”, se dejan seducir por la vida de narcotraficante, quien posee vehículos lujosos, casas, dinero y mujeres, las que se convierten en trofeos o meros “objetos” de estos sujetos, dejan de ser personas para ser “cosas”, la subcultura criminal “cosifica” a la mujer.

Muchos de los jóvenes que se integran a estas verdaderas bandas criminales, desean poseer cosas y acumular riquezas, tal como lo marca el sistema político económico que impera (sistema capitalista), bajo esta premisa, el exitoso no es quien se encuentra mejor preparado para enfrentar la vida desde los diversos campos del desarrollo integral, sino quien tiene mayor riqueza y lujos, aunque estos sean pasajeros y obtenidos ilícitamente. En definitiva, vivimos en la cultura del menor esfuerzo, los jóvenes cada vez quieren “tener más” sin “trabajar más”.

En cuanto a los factores de riesgo que arroja la ECOPRED, tenemos que en el caso de Mexicali, el porcentaje de jóvenes de 15 a 29 años que experimento al menos un factor de riesgo individual fue de 32.1% de los encuestados; se destaca que de los jóvenes encuestados el 31.5 refiere que han consumido alcohol o tabaco; en cuanto a los jóvenes de 15 a 29 años que refieren haber tenido experiencias en un entorno delictivo, tales como portar una arma, estar en una pandilla violenta, haber cometido actos de vandalismo o haber tenido problemas con la policía, fue de un 12.7%. También refiere un 9.3% de los jóvenes de 15 a 29 años de edad haber consumido drogas ilegales.

Ante lo analizado con anterioridad, sólo nos queda señalar a manera de conclusión sintética, que el fenómeno de la “Delincuencia Juvenil” debe ser atendido de manera integral, con una verdadera política criminológica de prevención social de las violencias y la delincuencia, la cual debe ser transversal y estar focalizada en grupos en particular, es decir, debe ser dirigida a quienes realmente se encuentran en condición de riesgo criminógeno, jóvenes que pueden convertirse en delincuentes potenciales, y en quienes confluyen un “caldo de cultivo multicausal” que los hace proclives a cometer conductas delictivas y violentas; y como bien lo escribió la flamante pluma del Doctor Alfonso Quiroz Cuarón: “La acción antisocial de la banda criminal es el signo revelador de la criminalidad grave de una colectividad, en cuyo seno se ocultan otros hechos de índole social, política y económica más graves, que sirven de sostén a la criminalidad agresiva de los jóvenes”.

Fuente: Abdú Betancourt Cabrera (abdubetancourt.wordpress.com)
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